Desde Sabana Westpunt, hay que estacionar en el aparcamiento de Playa Kalki antes de adentrarse a pie en los terrenos del resort Kura Hulanda. El camino, en parte de tierra compactada, serpentea unos diez minutos hasta el muro que bordea el mar. Es ahí, ligeramente retirada, donde una escalera de madera se adentra en una cavidad de piedra caliza que conduce a una poza de agua salada, alimentada directamente por el océano.
La cueva de Tomasito Cave debe su nombre a una leyenda local que cuenta la historia de un joven pescador desaparecido en sus profundidades. Este relato sigue circulando entre los habitantes de la región de Bandabou, y algunos visitantes prefieren, por respeto a esta historia, no tocar las paredes calcáreas del lugar.
El color del agua cambia mucho según la luz del día: adquiere sus tonos azulados más vivos cuando el sol está alto, a mediodía, y se ve apagada bajo un cielo nublado. Las rocas a la entrada de la poza son resbaladizas, así que un par de zapatos de agua facilita bastante el descenso.
Una vez terminado el baño, el muro costero cercano cuenta con una escalera metálica que permite llegar directamente al mar, para prolongar la exploración nadando junto a los acantilados. Poco señalizada y fácil de pasar por alto si no se sabe dónde mirar, esta pequeña cueva sigue siendo una de las pocas sorpresas de la isla que casi siempre se descubre por casualidad, o gracias al boca a boca de algún habitual de Westpunt.