El parque comienza en Boka Tabla, donde las olas se adentran en una cueva subterránea con un estruendo que sube desde el suelo. Unos escalones tallados en la roca bajan directamente hasta la entrada de la caverna, donde uno puede sentarse al borde para ver cómo el oleaje entra y sale, antes de volver a subir para caminar por los acantilados de piedra caliza que dominan la costa. Es el punto de partida lógico para cualquier visita al parque nacional Shete Boka, que limita con el parque Christoffel a lo largo de casi diez kilómetros de litoral expuesto a los vientos alisios.
Más allá de Boka Tabla, una decena de calas jalonan la costa, accesibles a pie por senderos o en coche por la carretera interior del parque. Boka Pistol debe su nombre al chasquido seco que hace el agua al comprimirse en una abertura estrecha de la roca, mientras que otras bokas más discretas sirven de lugares protegidos de anidación para tres especies de tortugas marinas, aproximadamente de mayo a diciembre, período durante el cual investigadores vigilan las playas del parque.
No se viene aquí para bañarse, el mar es demasiado fuerte, sino para sentir la fuerza bruta del mar contra la piedra caliza. En la entrada hay disponible un mapa detallado del parque para que cada uno trace su propio itinerario, a pie o en coche, entre las distintas bocas de este litoral que no tiene nada que ver con la típica postal de la isla.
¿Listo para reservar?
Hemos validado Viator y GetYourGuide para esta experiencia. Elige el que tenga horarios que te convengan, ambos ofrecen cancelación gratuita hasta 24 horas antes de la salida.