Desde el estacionamiento de Playa Santa Cruz, un sendero parte hacia el sur y se adentra en la maleza durante unos quince minutos. La caminata comienza con una subida empinada, a veces con ayuda de una cuerda, antes de descender hacia una pequeña cala bordeada de acantilados. Ahí aparece Playa Santu Pretu, literalmente "playa negra" en papiamento, cuya arena oscura de origen volcánico contrasta con el blanco coralino del resto de la isla.
Aquí no hay cabañas ni alquiler de sillas, solo naturaleza intacta y un silencio que pocas playas de Curaçao todavía ofrecen. La playa marca también la mitad del camino hacia la Blue Room, esa cueva marina de reflejos azul turquesa que atrae a excursionistas y buceadores más al sur. Muchos se detienen aquí para descansar, mojarse los pies u observar el arrecife que comienza a pocos metros de la orilla, antes de continuar hacia la cueva.
La arena, mezclada con guijarros y coral muerto, se calienta rápido bajo el sol y resulta incómoda para caminar descalzo, por lo que conviene llevar calzado de agua. Los amantes del snorkel suelen encontrar aquí el verdadero atractivo del lugar: un arrecife cercano a la orilla, todavía bien conservado gracias a la difícil llegada que desanima a la mayoría de los visitantes. Rara vez se viene aquí para tomar el sol, se viene por la sensación de haber encontrado un trozo de costa que la postal de Curaçao olvidó.
Vas a necesitar coche
La mayoría de las mejores playas están a al menos 45 minutos de Willemstad. Alquilar un coche no es opcional.