Pasado el pequeño pueblo pesquero de Lagun, en la costa noroeste de Curazao, la carretera bordea el mar hasta que un cartel discreto indica el acceso a Playa Jeremi. Se aparca en un estacionamiento sin pavimentar y gratuito, y luego se baja por una escalera tallada en la roca volcánica hasta una cala encajonada entre dos acantilados. El agua es tranquila y de una claridad que da ganas de zambullirse enseguida, con un fondo que combina arena y bloques de coral, ideal para quienes disfrutan del esnórquel.
No es una playa acondicionada. No hay restaurante ni chiringuito en el lugar, solo algunas zonas de sombra bajo los árboles que bordean la arena. Precisamente eso es lo que la convierte en un lugar preferido por los habitantes de la isla, más que por las multitudes que se dirigen a las grandes playas de la costa oeste, como Cas Abao o Porto Mari.
Playa Jeremi también es conocida como uno de los mejores lugares para ver la puesta de sol sobre el mar Caribe, ya que la cala está orientada hacia el oeste. Al final del día, algunas familias o grupos de amigos se instalan con su propia nevera portátil, ya que no hay comercios cerca, y esperan a que el cielo se encienda sobre el agua.
El detalle que se queda grabado: en el acantilado que domina la cala, los niños del pueblo a veces saltan al agua turquesa, un ritual discreto que solo los habituales conocen realmente.
Vas a necesitar coche
La mayoría de las mejores playas están a al menos 45 minutos de Willemstad. Alquilar un coche no es opcional.