Curaçao tiene fama de ser una isla de buceadores y parejas en busca de calas escondidas. Lo que se olvida es que también cumple con todo lo necesario para unas vacaciones en familia: playas resguardadas, distancias cortas y una auténtica colección de actividades pensadas para niños.
Animales a la altura de los niños
En Curaçao Ostrich Farm, una de las mayores granjas de avestruces fuera de África, la visita guiada acerca a los niños a estas aves gigantes. En la costa oeste, Playa Piskado ofrece un espectáculo más discreto pero igual de memorable: tortugas marinas que se observan nadando con calma cerca de ellas, sin tocarlas ni alimentarlas. Y en el Curaçao Sea Aquarium se descubre la fauna del arrecife en piscinas alimentadas directamente por el mar.
Crear con sus propias manos
En Serena's Art Factory, cerca de la granja de avestruces, los niños pintan su propia Chichi, la figurita emblemática de la isla que representa a la hermana mayor de la familia. Cada uno se lleva su creación, un recuerdo mucho más duradero que un imán de nevera. En la ciudad, el Children's Museum Curaçao completa la oferta con sus exposiciones interactivas.
Explorar sin esfuerzo
Las cuevas de Hato se visitan con guía, en un ambiente fresco, con estalactitas y petroglifos en el recorrido: a los niños les encanta. En el mar, Tugboat Beach es el spot familiar por excelencia: los restos de un remolcador descansan a pocos metros de profundidad, visibles con esnórquel directamente desde la orilla.
Las playas que lo perdonan todo
Para los días de baño, opta por las calas resguardadas del oeste: Playa Lagun, estrecha y tranquila, o Daaibooi con sus palapas de sombra. Grote Knip, más concurrida, sigue siendo muy manejable temprano por la mañana.
Y el jueves por la noche, si aún queda energía: Punda Vibes anima el centro de Willemstad con música y fuegos artificiales sobre la bahía, la manera perfecta de terminar el día con los ojos bien abiertos.
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