Tugboat Beach no tiene nada de playa de postal. Es una franja de guijarros y arena gruesa, ubicada en Caracasbaai, a pocos kilómetros al sureste de Willemstad, en un paisaje donde se mezclan muelles industriales y naturaleza preservada. Pero lo que esconde el mar aquí bien vale el desvío. A unos treinta metros de la orilla, un remolcador hundido descansa en el fondo, completamente cubierto de esponjas y corales, rodeado de peces de arrecife. La poca profundidad, unos cinco metros, permite llegar hasta él simplemente con esnórquel desde la playa, sin ningún equipo de buceo.
El lugar está justo al lado del Fort Beekenburg, la fortaleza más antigua de la isla, construida a principios del siglo XVIII para defender la entrada al Spaanse Water. Muchos visitantes combinan ambas paradas en la misma salida, entre un baño y un toque de historia colonial.
Aquí escasea la sombra, así que conviene llevar sombrero y protector solar si se piensa quedar un rato en la playa antes o después de la salida al mar. Un pequeño bar de playa ofrece alquiler de equipo de snorkel y refrescos, de modo que se puede organizar una salida sin traer nada propio.
Lo que más llama la atención es el contraste: un naufragio apacible, colonizado por la vida marina, que descansa a pocos pasos de una antigua terminal petrolera. Un recordatorio discreto de que la naturaleza siempre recupera su lugar, incluso bajo el casco de un viejo remolcador olvidado.
Vas a necesitar coche
La mayoría de las mejores playas están a al menos 45 minutos de Willemstad. Alquilar un coche no es opcional.