El punto de partida es Watamula Hole, en el extremo noroeste de la isla, accesible por un camino de tierra desde el pueblo de Westpunt. Allí se descubre primero este agujero excavado en la roca coralina, donde las olas se cuelan y salen disparadas como géiseres, un espectáculo que los lugareños a veces llaman el aliento de la isla. A partir de ahí comienza la verdadera ruta: se bordean los acantilados de Noordpunt, un terreno de roca coralina cortante, sin un solo árbol que dé sombra, antes de bajar por la costa oeste hasta Playa Gipy, una pequeña cala de arena al norte de Playa Kalki.
Este tramo no sigue ningún sendero señalizado. Se avanza a ojo, entre cactus y roca, con el mar como única referencia. Playa Gipy en sí sigue siendo diminuta y de difícil acceso, sin ninguna infraestructura, lo que explica por qué rara vez te cruzas con alguien allí, incluso en temporada alta.
El calzado cerrado es obligatorio, la roca destroza las sandalias en pocos minutos. Lleva toda el agua que necesites, no hay ninguna fuente ni sombra en todo el trayecto. Salir por la mañana permite evitar el sol de plomo de la tarde y llevar la luz a la espalda mientras se bordea la costa.
Este tramo de litoral, a la vez brutal y silencioso, no tiene nada de acondicionado. Es precisamente eso lo que lo convierte, para quienes se toman el tiempo de recorrerlo a pie, en uno de los rincones más auténticos de la costa oeste.