Fort Beekenburg se alza sobre la península de Caracasbaai, al este de Willemstad, justo donde la bahía forma uno de los pocos puntos de acceso naturales hacia el interior de la isla. Precisamente por eso el gobernador Nicolaas van Beek mandó construir este fuerte en 1703: para proteger la entrada del Spanish Water de piratas y potencias rivales que hubieran podido usarla para llegar a Willemstad. Su torre redonda, construida con piedras traídas de los Países Bajos que originalmente se usaban como lastre de los barcos, le da una silueta inmediatamente reconocible, algo así como una torre de ajedrez frente al mar.
El acceso al fuerte es libre, sin horarios fijos ni taquilla. Se sube por una escalera de piedra hasta la plataforma de la cima, desde donde la vista se extiende sobre toda la bahía de Caracas y el Spanish Water. Casi siempre sopla el viento, y el silencio del lugar contrasta con la actividad que conoció durante más de un siglo, cuando los cañones vigilaban el paso.
A pocos minutos a pie, otros dos vestigios del pasado merecen el desvío: Tugboat Beach, donde descansa un naufragio visible cerca de la superficie, y el antiguo edificio de cuarentena, construido en 1882 para aislar a los marineros sospechosos de fiebre amarilla, hoy abandonado pero todavía accesible desde la colina vecina. Juntos, estos tres lugares cuentan una historia de vigilancia y aislamiento que moldeó esta punta de la isla durante más de dos siglos.