En la carretera que lleva a Sint Joris Baai, al este de Willemstad, un cartel colorido señala la entrada de Serena's Art Factory, justo al lado de la granja de avestruces. Aquí es donde la artista Serena Israel lleva años dando forma a las Chichi, esas figuras femeninas redondas y llenas de color que se han convertido en emblema de la artesanía de Curaçao. En papiamento, Chichi significa la hermana mayor, la que sostiene a la familia, responsable y llena de vida.
En el jardín que precede a la tienda, las estatuillas gigantes conviven con una pequeña fauna de corral, antes de llegar al taller propiamente dicho. Las figuras se moldean primero y luego se confían a mujeres de la isla formadas en pintura, quienes les dan a cada una un estilo único en sus casas antes de devolverlas al taller para la inspección final. Así, cada Chichi lleva la firma de la mujer que la pintó.
Quienes quieran ir más allá pueden sentarse en las mesas del jardín para pintar ellos mismos su Chichi, un taller de pintura en Curaçao que se desarrolla en grupos pequeños, con pinceles, pintura acrílica y una explicación sobre la historia de la casa. Se elige el tamaño de la estatuilla, se escucha, se pinta y uno se marcha con su propia creación, cuidadosamente empacada para el viaje.
Lo que más queda es ese momento en que uno comprende que no está simplemente fabricando un recuerdo, sino que participa, durante una mañana, en una tradición sostenida durante años por las manos de las mujeres de la isla.
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